sábado 22 de agosto de 2009

31- Apuesta

Piedra, papel o tijera!
Kika: tijera
Yo: tijera
Piedra, papel o tijera!
Kika: piedra
Yo: piedra
Piedra, papel o tijera!
Kika: piedra
Yo: piedra
Piedra papel o tijera!
Kika: tijera
Yo: tijera

Diez minutos después...

Piedra, papel o tijera!
Kika: tijera
Yo: tijera
Esto no puede ser, no puede ser... dije a punto de entrar en desesperación. Sí que puede ser, dijo la gallega excitada en un mar de alegría... sigamos, sigamos... No, yo no sigo más, dije fastidiada como nunca, es insoportable empatar siempre, Kika. Así no se puede jugar! Y bueno! dijo ella abriendo los brazos de par en par, entonces... desempatá y listo! Pero no puedo, no ves? le dije mirándola a los ojos, vos adivinás todo lo que voy a decir! Kika cambió la cara cuando me oyó decir ésto, como si la hubiera recibido un insulto. Entornó los ojos, acercó un poco su cara a la mía, y susurró: Noooo! VOS sos la que siempre adivina (y VOS lo dijo acentuando la V con los dientes sobre el labio inferior), porque yo ya lo tengo pensado de antes, lo mío tiene una lógica... así que... como yo lo pensé primero, tenés que ser vos la que adivina. Si no querés empatar siempre... hacé tu juego!
La verdad es que me quedé muda. La gallega era de por sí alguien que te sorprende con sus salidas, pero ésto era demasiado. De dónde sacaba que yo le adivinaba el juego! Y además que si le adivinara el juego... podría ganarle, para qué iba a querer empatarle?!
Mientras yo pensaba todo esto, ella, con el puño cerrado, la otra mano abierta, por debajo del puño, esperaba la próxima contienda. Dale, dale, ahora no te achiqués, a ver si me podés adivinar esta vez... la última, dale, la última...
Bueh... dije sin saber bien qué hacer, e irremediablemente pensando en que esta vez sí que debía adivinar, para poder decir algo diferente, o si no... iba a empezar a creer en los fenómenos sobrenaturales. Cerré yo también el puño y...
Piedra, papel o tijera!
Kika: tijera
Yo: papel
Brrrrrrravo! dijo ella saltando de la silla con los brazos extendidos al cielo! Siempre me da resultado! Listo, las compras para el asado del domingo las hacés vos. Uff! qué difícil... seguía diciendo como para sus adentros... ésta vez sí que fue difícil...
Y yo... bueno, no entendí nada de lo que pasó... pero me quedé pensando en que era la primera vez que se decía la opción "papel", y que... el juego de la gallega es imposible de adivinar. Mejor me voy a hacer las compras, que mañana Pedro se ofreció a hacer el asado.

jueves 30 de julio de 2009

30- Sonidos fríos

Viste qué helada que cayó? Se ve todo blanco el jardín... La voz de Kika por el teléfono sonaba como lejana. Qué voz rara, le dije, te escucho lejos, la voz distinta...Y si, son cosas del frío, dijo la gallega como si fuera una teoría demostrada científicamente. Los sonidos con el frío se escuchan diferentes, aclaró. Pero Kika, de dónde sacaste eso? le dije, y ya me empecé a reír, ¡mirá si los sonidos se van a escuchar diferentes con..! Bueno, bueno, dijo ella seriamente, la verdad es que no sé si se escuchan diferentes o si suenan dieferentes, pero bueh... se escuchan diferentes. Qué... no sabías? El frío afecta todo, absolutamente todo...
Me quedé un poco callada pensando en lo que había escuchado, y diciéndome que nunca se me hubiera ocurrido relacionar el sonido con la temperatura. Ella mientras tanto seguía fundamentando lo que decía, incansable, como siempre a la hora de fundamentar.
Si querés hacé la prueba: golpeá la puerta de tu casa con el puño desde adentro que está calentito, y que la madera está calentita también, y después andá a la vereda y date una vuelta. Vas a ver que cuando volvés, y con la mano fría golpeás la puerta fría, eso suena diferente. Andá, andá si no me creés...
Bueno... balbuceé para zafar, sí, puede ser... y cómo es la diferencia del sonido? Y... dijo titubeando, la verdad que no sé bien, pero te lo diría así: Cuando el tiempo está cálido, el sonido viaja más, resuena mas tiempo, es como más largo. Cuando hace frío, en cambio, los sonidos son cortos, como golpes, mas secos... Ahora que me acuerdo, escuché en la tele en un programa de música, que hablaban de sonidos cálidos, o algo así... no sé si tendrá alguna relación... pero colores cálidos sí que existen, no? Si, claro, dije, son los rojos, los naranjas... Y bueno, ves? ahí tenés, replicó la gallega bien contenta. Si hay colores cálidos, hay colores fríos, no? Si, los azules, por ejemplo, aclaré, pero Kika... qué tiene que ver... Ah! Pero cómo te cuesta entender lo que te digo, che! -y en la voz se le notó el fastidio típico del que se siente incomprendido- que el frío afecta todo, TODO. Mañana nos levantamos bien temprano, cuando esté cayendo la helada, y salimos a escuchar, qué te parece? Hacemos el experimento..?
Esta gallega me va a hacer enfermar.

jueves 23 de julio de 2009

29- Caramelos para el dolor

Hola Kika, dije estirando la mano con una bolsa llena de caramelos, y...? andás mejor? Desde la cama me miró un poco a mí, pero un poco más a la bolsa. Y, si, ando mejor... ésos son los caramelos Bonafide? guau! todavía existen?
Hacía un tiempo largo, un día, hablando de lo que nos gusta comer, empezamos a rememorar cosas ricas que comíamos en la infancia. Así es como salieron los famosos caramelos Bonafide cubiertos con chocolate. Las dos los habíamos comido cuando éramos chicas, y teníamos un recuerdo muy parecido. Si había algo que marcaba que un cuarto de caramelos podía ser un regalo era eso: que fueran aquellos famosos, cubiertos con chocolate que, además de ricos, eran un poco caros, y que se regalaban como algo especial.
Así que la gallega extendió una sonrisa de oreja a oreja cuando abrió la bolsa y confirmó lo que había visto. Estoy mejor, ya estoy mejor, decía covencida. Pero qué cosa... no veo la hora de levantarme de la cama, espero que mañana me pueda levantar! Desde antes de ayer, que se había sentido mal, Kika estaba convaleciente y un poco fastidiosa, esperando que los remedios le hicieran efecto, y puteando contra un dolor persistente de glúteos, debido a las inyecciones que le habían sido dadas.
Che, te parece a vos que las inyecciones tengan que doler tanto? Yo no lo puedo creer, te juro que no lo puedo creer. Ah, si? pregunté preocupada por ella, enserio duelen tanto? Que si duelen? dijo arrugando la cara, uf! mirá, al principio no tanto. Cuando recién te la aplican no molesta mucho, pero con el paso de las horas, sentís cómo se te va extendiendo un dolorrr, y se te empieza a poner la cola dura dura. Y lo peor es que el primer día, vos decís, bueno, mas tarde se me va a pasar... a la noche se me va a pasar... mañana se me va a pasar.... pero, me podés creer que te dura hasta el otro día? Y encima al otro día te tenés que dar otra, y ahí empezás de nuevo.... que lo parió.
Por suerte los caramelos le habían gustado y no solamente para comerlos, porque mientras charlábamos sacó uno de cada sabor y los puso arriba de la cama en hilera, para poder verlos. Esta Kika a veces parece una nena, pensé. Che, pero sabés que no puedo recordar si el envoltorio era como éste? me dijo después de terminar su clasificación. Me acuerdo que eran con un papel brillante, y doble... porque tenía dos capas de papel, no? Sssi, creo que sí, le contesté pero sin poder acordarme de nada. Qué lindos, me encantan, gracias che, y me miró como si le hubiera traído un regalo valiosísismo. Es que me trae recuerdos... dijo un poco nostálgica. Porque... yo no sé como era en tu casa, pero en la mía no es como es ahora con los pibes, viste? que todo lo que se les antoja se les compra, o que todos los días sale una golosina nueva, y van al kiosco a cada rato. Ni siquiera era tan común tomar Coca, te acordás? Cuando alguna amiga venía al boliche de mi viejo me decía bajito "pedile una coca a tu papá, dale, pedile una coca", porque no se tomaba gaseosa todos los días... pero... qué vieja me siento jajaja, dijo incorporándose un poco más sobre la almohada, Ay! me duele el traste! Bueno, me como el último. Comé vos también, dale, comete uno.
Pobre Kika... estaba toda dolorida. Pero igual se había puesto contenta un rato... y enseguida sale con esa facilidad para recordar... Estaba pensando en eso mientras aprovechaba para ayudarla un poco, ordenarle algunas cosas en la habitación, traerle un poco de agua... Un gritito interrumpió mi devenir mental.
Qué te pasa, le dije burlona, tenés el culo delicado? Y qué te parece! dijo gesticulando exageradamente con las manos. No lo puedo creer que las inyecciones duelan tanto, no lo puedo creer. Para mí que es porque a nadie le importa, che, que no descubren otra cosa. Qué querés que te diga, pueden mandar una nave al espacio, hacer un transplante de corazón, salvarle la vida a uno que dejó de respirar... y no pueden inventar inyecciones que no duelan??!! pero dejáte de joder...
Ultimo, último caramelo que me como hoy. Ultimo de últimos...

sábado 18 de julio de 2009

Un meme es Otra cosa


Esta es una nueva sección. Le puse de nombre "Otras cosas", porque claramente no son relatos, no son pinturas, no son... Si, si, son Otras cosas. Siempre pensé que tendría que tener en mi casa una gran caja donde guardar esas cosas que no se dónde poner, (no les pasa lo mismo?) pero esa caja... dónde la pondría?
Por ejemplo, el otro día encontré una libretita donde escribía cuando era chica, tenía frases y dibujos. La encontré en una cartera vieja, que tampoco sé donde guardar... y dentro de ella también había un espejito, un dado, y un anillo que me queda chico. Son cosas que me gusta conservar, pero me es imposible recordar dónde las guardo, y claro, todo por no tener una gran caja que tenga una etiqueta que diga: "Otras cosas".
Así que en mi blog decidí que sí tiene que haber un lugar como ése, donde poder ubicar las cosas que quiero conservar y que no pertenecen a una categoría determinada.
Empiezo con un meme que me ha pasado Ico, una nueva amiga blogger. El meme dice que debo copiar la quinta frase de la página 165 del libro que estoy leyendo (y si no estoy leyendo ninguno, puede ser del que tenga mas a mano). En este caso se trata de "El libro de los amores ridículos" de Milan Kundera, que ya me estoy por terminar, y que no termino y no termino. Siempre me cuesta terminar un libro que me gusta, a ver si a partir de ahora me animo con éste.
Transcribo la frase:

...quería retener ese momento en que estaba...

Aunque no es parte del meme asociar con esa frase, se me ha venido un recuerdo de una especie de juego que hacíamos en la adolescencia con algunos amigos, generalmente los domingos a la tarde, cuando nos reuníamos en alguna casa a charlar de cualquier cosa, y a reírnos también de cualquier cosa. Resulta que llegaba un momento en que alguien tomaba un libro de la biblioteca y abría al azar en cualquier página y leía algo sin ton ni son... una parte de la página donde se hubiera posado su atención sin querer, y entonces teníamos que decir uno por uno qué nos sugería esa frase, o si imaginábamos algo al respecto, quien lo decía, o qué significaba. Nos gustaba mucho hacer ese ejercicio, e incluso algunas veces terminábamos pensando que era algo así como una señal, una predicción del destino. Bueno, les transmito este meme como corresponde a cinco personas, quienes también tendrán que escribir la quinta frase de su libro y luego pasárselo a otras cinco. Y si quieren pueden jugar también a asociar, o a interpretar la frase, (a ver si les predice algo) como cuando éramos adolescentes.
Aquí van los nombre de a quienes les paso la posta (por orden alfabético y todo)



jueves 9 de julio de 2009

28- Contagio

Tratábamos con Kika de encontrar algo entretenido en la tele, pero no había nada interesante. En la mayoría de los canales estaban hablando del tema de la gripe A, dando cifras y más cifras...
Che, viste que estamos todos locos con el tema de la gripe?, me dijo ella leyéndome el pensamiento. Uf, si...dije realmente preocupada, qué terrible. Bueno, Kika, si nosotras hoy estamos acá adentro sin ir a ningún lado es también por el tema de la gripe...
La gallega se quedó pensando y asintiendo con la cabeza. Si, si, porque el problema no es solamente la enfermedad. Es también el miedo, viste? Es el miedo a la efermedad, y el miedo al contagio! Claaaro, dije yo, tenés razón. Son como dos miedos diferentes. Si seguimos así ya ni nos vamos a saludar!
Mientras que charlábamos tomábamos mate en la cocina. Eso sí, cada una con el suyo, porque en estas épocas que corren, ya no se puede compartir ni el mate!
Estaba pensando, dijo Kika interrumpiendo mis reflexiones, cuántas cosas son contagiosas, no? y algunas son peligrosas también, como la gripe... Mmmm... te referís a otras enfermedades? No, no solamente a las efermedades, me aclaró ella moviendo la cabeza de derecha a izquierda, yo estoy segura de que la maldad es contagiosa, por ejemplo. Vos te encontrás con gente que te hace cosas malas y enseguida a vos también te dan ganas de hacerle cosas malas a ellos, no? Y lo peor es que te sentís justificado! A veces te resistís al contagio y no lo hacés, pero ganas no te faltan! jajaja. Si, dije empezando a entender, tenés razón. Me acuerdo de un vecino que tenía que siempre barría la vereda y me tiraba la basura en la puerta de mi casa... Si! dijo Kika a los gritos, me acuerdo! el pelirrojo ese hijo de una gran p... Si, si, dije yo interrumpiendo, el pelirrojo, te acordás? Qué tipo maldito ese, al final terminé yo también haciéndole lo mismo, hasta que se convirtió casi en una guerra de basura! Jajajaa! Nunca te vi levantarte tan temprano a vos! decía Kika muerta de risa, para ganarle de mano y barrer primero la vereda! Qué cosa de locos! Pero, viste que tengo razón? la maldad se contagia...
Cada tanto la gallega se equivocaba y me daba un mate del suyo, pero enseguida se rectificaba diciendo: ah!, cierto che, que cada una con su mate...
Che,Kika, esto de tomar mate separadas no me causa gracia, dije por fin. Ella me miró, y se sonrió como con ternura. Y bueh... a mí tampoco me gusta, te parece..? Si, si, dije. Sigamos con uno solo... total, nosotras ya estamos contagiadas hace rato jajaja! Pero dale, seguí diciéndome que otras cosas se contagian, que me gustó el tema!
Al final terminamos haciendo una lista. La anoté en un papel y la pegamos en la puerta de la casa de Kika, para que todo el barrio la vea. En realidad eran dos listas de cosas contagiosas, una de cosas buenas , y una de cosas malas. Entre las malas estaban, la maldad, la bronca, las ganas de putear a alguien, el odio, el miedo... entre las buenas pusimos la risa, las cosquillas, las ganas de ayudar, el hambre, el bostezo, las ganas de comer chocolate...
Estuvo buenísimo, porque algunos vecinos pasaban con una lapicera para anotar lo que se les iba ocurriendo. Ahí nos dimos cuenta de que hacer listas de cosas... también puede ser contagioso.





(Si ya se contagió, puede agregar un item en la lista que se encuentra en la parte superior derecha de este blog. Si aun no se contagió, no pierda las esperanzas)


lunes 29 de junio de 2009

27- Fiaca

Hoy es un día de esos en que tengo que hacer un montón de cosas y... no empiezo nunca, me confesó Kika cuando pasé el sábado a la mañana por su casa. Era raro que fueran casi las diez y ella estuviera como recién levantada, envuelta en su bata bordó, en pantuflas y con los pelos enmarañados.
Pero vení, sentate un ratito conmigo mientras se me pasa. A ver si me pongo las pilas... Y qué tenés que hacer? Te puedo ayudar?, ofrecí. No, no, gracias. Son cosas fáciles, cosas habituales, pero... a vos no te pasa? Me pregunto por qué uno a veces se levanta con tanta energía, como si se llevara el mundo por delante, y otros días... Hoy, por ejemplo: miro a la derecha y veo las facturas que fuí a pagar ayer al banco y todavía no las ordené; a la izquierda una pila de ropa que saqué de la soga y por lo menos la tengo que doblar, o guardar en algún lado; algunas compras me haría falta hacer, porque se me terminó el champú, y el dentífrico. Y lo peor... me tengo que depilar! Y no hago nada! dijo tomándose la cabeza. En ese momento pareció haberse dado cuenta de que ni se había peinado y ésto le causó un poco de gracia. Tengo el pelo como tengo los pensamientos, dijo con una risita. Porque no te creas que no pienso en esto. Me pregunto, me repregunto, y sabés hasta dónde llego?, y al tiempo de decir ésto, la gallega me miró como si estuviera a punto de contarme una reflexión sobre el origen de la humanidad. Yo por las dudas guardé silencio y esperé su respuesta. Ella se quedó unos instantes en silencio, se sentó despacio, se pasó la mano por el cabello rebelde y suspiró.
Cuando me levanto así, continuó lentamente, que doy vueltas y vueltas, que no resuelvo nada... me parece tan extraño todo... Por qué haremos las cosas que tenemos que hacer? Te imaginás si todos nos negáramos e hiciéramos una especie de... huelga? Porque todos hacemos de todo, que vamos, que venimos, que trabajamos, que ésto, que lo otro... como si fuéramos llevados (y subrayó la palabra con un tono de voz fuerte) a hacer y a hacer, no? Y qué nos lleva..?
La verdad es que nunca se me había ocurrido preguntarme semejante cosa, le dije sinceramente, no tengo idea por qué hago las cosas que hago... pero Kika, si no hiciéramos nada... también sería aburrido. Ella asintió, pero en seguida retrucó: no hacer nada no, eso sería insoportable... pero igual eso no responde mi pregunta.
De repente, como si se hubiera acordado de algo importantísimo, se puso de pie y abrió un cajón. Sacó una cajita y me la mostró: era un mazo de cartas españolas.
Te juego una escoba de quince, dale? Antes que ponerme a barrer... jajaja!
Ah gallega!, para jugar nunca tenés fiaca! , dije muerta de risa. Dale, pero si perdés te depilás hoy, eh? Y sin excusas!

lunes 22 de junio de 2009

26- La sorpresa II

No sabía cómo encarar el tema con Kika. Lo que había pasado en aquella casona vieja era más que una sorpresa. Había sido una experiencia sobrenatural, la primera de mi vida.
Mudas las dos entramos a casa y nos sentamos, pero enseguida ella empezó a hablar, como si no hubiera pasado nada. Hablaba de cualquier cosa, de las compras que había hecho a la mañana, del frío, de los zapatos que le sacan ampollas cada vez que camina mas de dos cuadras. Yo me limitaba a calentar el agua, preparar unos mates, y calladita la boca me fui relajando de a poco, sin mencionar la sensación extraña que todavía me corría por los huesos.
Che, no tenés una curita? mirá como tengo este talón!, seguía la gallega de lo más normal. Es que no tendríamos que haber vuelto caminando. Bah!, caminando es una forma de decir, porque casi que me hiciste correr!
Yo la verdad es que la escuchaba pero no respondía, porque solamente pensaba en qué pregunta le iba a hacer, sabiendo que Kika no es alguien fácil de llevar, y que habla solamente de lo que quiere y cuando quiere. Decidí ser directa: Ahora hablá, le dije. Ella levantó la mirada de sus pies ya descalzos, y se sonrió. Como con ternura pestaneó lentamente y sin dejar de mirarme me pregunto: Y de qué querés que te hable?
Yo estaba un poco alterada todavía (aunque mucho menos, ya que me sentía mas segura en mi propia casa) así que levanté un poco el tono de voz, y la interpelé: Quiero saber todo. Y no me vengas con vueltas... quiero saber qué pasa en esa casa, quiénes son esos chicos, de dónde... Eeeh! pará!, me interrumpió, de qué estás hablando? Qué chicos?
Lo peor de todo es que la expresión de la cara de Kika era la de alguien que no entendía nada de lo que le estaba diciendo. Estaba fingiendo? Es que ella no había visto lo mismo que yo, esos chicos pálidos, con cara de... fantasmas, sus manitos agitándose en la ventana...?
Estás como loca! me dijo con una carcajada que casi me ofendió. Qué chicos viste? Vos estabas con un miedo... eso es lo que pasa.
Otra vez me quedé muda. Bajé la mirada y trataba de recordar bien lo que había pasado, pero algunas cosas se me escapaban. Tenía la sensación de haber vivido un sueño, y como a veces ocurre al contarlo, los detalles se van esfumando. Uno los quiere retener para ponerle palabras pero... se escurren y se van, sin remedio caen en el olvido. La casa, decía yo, las telas de araña... el árbol del fondo...los chicos atrás de un sillón, el niñito en la ventana. Por fin me vino a la memoria una frase de la gallega que era mi salvación. Aaaaah!, dije dando un golpecito en la mesa, también me vas a negar que me trataste de miedosa y que por culpa de mi miedo no me pudiste presentar a tus amigos? Si, si, eso te lo dije, aceptó ella con los ojos abiertos de par en par. Y entonces, de qué amigos hablabas? Acaso no eran esos nenitos tus amigos, que seguramente estan allí desde que vos eras chica y están tal cual, siguen siendo chicos, igualitos que en esa época porque... (y no me atrevía a decirlo) porque están... porque son...
Jajajaja! se descostilló la gallega. Vos tenés una imaginación, querida! Y al tiempo que se reía con ganas se agarraba la panza. Sin pausa en su risa sacó un pañuelito de papel de su bolsillo y se secó las lágrimas que le habían saltado, después suspiró como para dar fin a sus carcajadas y con toda seriedad me dijo: Mirá, yo no sé qué te pasó a vos ahí, en la casona. Capaz que la culpa fue mía porque te creé mucho misterio, y no sé qué cosas se te fueron apareciendo en la cabeza. Pero te voy a explicar: Viste que te hablé de una sorpresa? Bueno, la sorpresa era que en el árbol del fondo, ese árbol que debe tener como cien años... viven mis amigos.
De un salto me paré, le clavé los ojos y le dije: Viste?? Viste que hay algo raro ahí? cómo vas a tener amigos que viven en un árbol Kika, qué clase de amigos... no pueden ser humanos!,
Pará, pará loca! me decía y me mostraba la palma de la mano como un signo de "stop". Claro que no son humanos! Son ardillas! Siempre hubo ardillas en ese árbol, y en otros que están pegados a esa casa también, porque al lado hay un quinta grandísima, te acordás? Cada tanto me gusta ir a recordar cómo con los otros pibes nos acercábamos despacito para no espantarlas, y les poníamos algunos caramelos por ahí, cerquita del árbol. Nos quedabamos muy quietos y los bichitos se iban acercando, y después de un tiempo... se empezaron a hacer amigos, o amigas, no sé como se dirá poque había machos y hembras, claro. Yo te los quería mostrar, aunque no sé si todavía habrá alguna porque en el invierno se esconden... pero vos te asustaste tanto que no me diste tiempo a...
La gallega siguió entusiasmada explicándome su experiencia con las ardillas, y le gustaba tanto recordar que casi se había olvidado de mí. Se paraba, hacía movimientos sigilosos mostrándome sus técnicas para acercarse al árbol, y gestos graciosos como si otra vez fuera una nena. Y yo... bueno, qué puedo decir de mí. Mejor no digo nada. Sshh!