lunes, 22 de junio de 2009

26- La sorpresa II

No sabía cómo encarar el tema con Kika. Lo que había pasado en aquella casona vieja era más que una sorpresa. Había sido una experiencia sobrenatural, la primera de mi vida.
Mudas las dos entramos a casa y nos sentamos, pero enseguida ella empezó a hablar, como si no hubiera pasado nada. Hablaba de cualquier cosa, de las compras que había hecho a la mañana, del frío, de los zapatos que le sacan ampollas cada vez que camina mas de dos cuadras. Yo me limitaba a calentar el agua, preparar unos mates, y calladita la boca me fui relajando de a poco, sin mencionar la sensación extraña que todavía me corría por los huesos.
Che, no tenés una curita? mirá como tengo este talón!, seguía la gallega de lo más normal. Es que no tendríamos que haber vuelto caminando. Bah!, caminando es una forma de decir, porque casi que me hiciste correr!
Yo la verdad es que la escuchaba pero no respondía, porque solamente pensaba en qué pregunta le iba a hacer, sabiendo que Kika no es alguien fácil de llevar, y que habla solamente de lo que quiere y cuando quiere. Decidí ser directa: Ahora hablá, le dije. Ella levantó la mirada de sus pies ya descalzos, y se sonrió. Como con ternura pestaneó lentamente y sin dejar de mirarme me pregunto: Y de qué querés que te hable?
Yo estaba un poco alterada todavía (aunque mucho menos, ya que me sentía mas segura en mi propia casa) así que levanté un poco el tono de voz, y la interpelé: Quiero saber todo. Y no me vengas con vueltas... quiero saber qué pasa en esa casa, quiénes son esos chicos, de dónde... Eeeh! pará!, me interrumpió, de qué estás hablando? Qué chicos?
Lo peor de todo es que la expresión de la cara de Kika era la de alguien que no entendía nada de lo que le estaba diciendo. Estaba fingiendo? Es que ella no había visto lo mismo que yo, esos chicos pálidos, con cara de... fantasmas, sus manitos agitándose en la ventana...?
Estás como loca! me dijo con una carcajada que casi me ofendió. Qué chicos viste? Vos estabas con un miedo... eso es lo que pasa.
Otra vez me quedé muda. Bajé la mirada y trataba de recordar bien lo que había pasado, pero algunas cosas se me escapaban. Tenía la sensación de haber vivido un sueño, y como a veces ocurre al contarlo, los detalles se van esfumando. Uno los quiere retener para ponerle palabras pero... se escurren y se van, sin remedio caen en el olvido. La casa, decía yo, las telas de araña... el árbol del fondo...los chicos atrás de un sillón, el niñito en la ventana. Por fin me vino a la memoria una frase de la gallega que era mi salvación. Aaaaah!, dije dando un golpecito en la mesa, también me vas a negar que me trataste de miedosa y que por culpa de mi miedo no me pudiste presentar a tus amigos? Si, si, eso te lo dije, aceptó ella con los ojos abiertos de par en par. Y entonces, de qué amigos hablabas? Acaso no eran esos nenitos tus amigos, que seguramente estan allí desde que vos eras chica y están tal cual, siguen siendo chicos, igualitos que en esa época porque... (y no me atrevía a decirlo) porque están... porque son...
Jajajaja! se descostilló la gallega. Vos tenés una imaginación, querida! Y al tiempo que se reía con ganas se agarraba la panza. Sin pausa en su risa sacó un pañuelito de papel de su bolsillo y se secó las lágrimas que le habían saltado, después suspiró como para dar fin a sus carcajadas y con toda seriedad me dijo: Mirá, yo no sé qué te pasó a vos ahí, en la casona. Capaz que la culpa fue mía porque te creé mucho misterio, y no sé qué cosas se te fueron apareciendo en la cabeza. Pero te voy a explicar: Viste que te hablé de una sorpresa? Bueno, la sorpresa era que en el árbol del fondo, ese árbol que debe tener como cien años... viven mis amigos.
De un salto me paré, le clavé los ojos y le dije: Viste?? Viste que hay algo raro ahí? cómo vas a tener amigos que viven en un árbol Kika, qué clase de amigos... no pueden ser humanos!,
Pará, pará loca! me decía y me mostraba la palma de la mano como un signo de "stop". Claro que no son humanos! Son ardillas! Siempre hubo ardillas en ese árbol, y en otros que están pegados a esa casa también, porque al lado hay un quinta grandísima, te acordás? Cada tanto me gusta ir a recordar cómo con los otros pibes nos acercábamos despacito para no espantarlas, y les poníamos algunos caramelos por ahí, cerquita del árbol. Nos quedabamos muy quietos y los bichitos se iban acercando, y después de un tiempo... se empezaron a hacer amigos, o amigas, no sé como se dirá poque había machos y hembras, claro. Yo te los quería mostrar, aunque no sé si todavía habrá alguna porque en el invierno se esconden... pero vos te asustaste tanto que no me diste tiempo a...
La gallega siguió entusiasmada explicándome su experiencia con las ardillas, y le gustaba tanto recordar que casi se había olvidado de mí. Se paraba, hacía movimientos sigilosos mostrándome sus técnicas para acercarse al árbol, y gestos graciosos como si otra vez fuera una nena. Y yo... bueno, qué puedo decir de mí. Mejor no digo nada. Sshh!

16 comentarios:

Magah dijo...

Eyyy!!! Tenemos nuestros propios fantasmas y los llevamos siempre con nosotros. Suelen elegir los momentos mas inoportunos para aparecer, ja ja
Los mios me revolotean de cerca ultimamente y andan volcados en mis letras.

Un beso Adri, simpre me hace bien pasar a leerte, casi me siento amiga de estos personajes, se me han hecho queribles.

MAGAH

adriana rey dijo...

Maghita: como me gusta que te hagas amiga!
Creo que la solución es amigarse con los fantasmas, no?
Besos!

El extraño desconocido dijo...

Jajaja! Pero Adriana, se ve que te dejaste influenciar por esa atmósfera de misterio que creó Kika, porque al menos en España los niños no se parecen a las ardillas :-D

Cuando lei lo del arbol pensé que serían monos, que también habría estado divertido.

Un abrazo!

Carina Felice dijo...

en los hongos de mi alamo, viven personitas con nombre y apellido...pero prometi nunca sacarles fotos.
Ahora que lo pienso: fotografiando la casona, senti que alguien me hacia cosquillas...claro...eran los nen..digo...las ardillas!
Camos Adri Todavia, siga trabajando ese cerebro escribidor!:)

JuanRa Diablo dijo...

Aquí hay gato encerrado (y no ardilla en árbol) y ya me revuelvo inquieto en mi silla tratando de averiguar qué esconde Kika (o que no esconde) porque esta mujer me confunde cada día más.

Me proclamo, desde hoy, esclavo de tus relatos.

adriana rey dijo...

Extraño: dejarme influenciar por las atmósferas que crea Kika creo que es uno de mis defectos!
lo de los monos hubiera estado bueno, me lo guardo para la próxima. Saludos!

Carina: vos sola te metiste a sacar esa foto, y ahora... me metiste a mí en un lío como Kika! al final eran nenes o ardillas? vos estuviste ahí!

adriana rey dijo...

JuanRa: jajaja, que risa lo de esclavo, eres diablo JuanRa, tarde o temprano te quedarás con nuestras almas!!!

Martín dijo...

Adri, veo con placer que las sorpresas continúan. La foto de Carina sigue inspirando letras y dejando lugar para la imaginación. Muy buena continuación! Un beso

Marcelo dijo...

Para mí en esa casa hay ardilla encerrada.

adriana rey dijo...

Martín: la inspiración tiene que ver con la foto, pero también con tus letras! me alegra que te guste, y gracias!

Marcelo: Yo creo que sí. Algo encerrado hay, pero de qué se trata? no tengo la menor idea ;)

claudia paredes dijo...

Fantasmas. De esos hay siempre adentro... ;)

jose rasero dijo...

Me gustó mucho el relato
Saludos

mara-mara dijo...

Vaya! yo me he quedado un poco como Kika..., pensativa y dudosa, con la ardilla, perdón con la mosca, detrás de la oreja.

Te dejo un beso.

adriana rey dijo...

Claudia: considero que hay que respetarlos y no sacarles las sábanas así porque sí.

José rasero: muchas gracias!

mara-mara: entonces, hemos cumplido nuestro cometido. me alegro :)

Magah dijo...

jaja, si de los propios y ajenos, sos genial Adriana!!
Un beso hoy domingo y a la espera de Kika nuevamente.

adriana rey dijo...

gracias Magah!